La Montaña Sagrada

“Es una playa llamada Bahía Blanca. Para llegar, tenemos que cruzar Pachacútec”, le dije la primera vez que llevé a mi novia a acompañarme a correr olas a orillas de lo que llamé luego, “La Montaña Sagrada”.  Para acceder a dichoso paraíso escondido, tomamos la Costa Verde, subimos por Maranga, cruzamos parte del Callao, tomamos la carretera Néstor Gambetta con la intención de llegar a Ventanilla. Hacer la parada obligatoria para abastecernos de fruta y seguir. Tomamos la siguiente calle de doble vía, la cual nunca recuerdo el nombre. Seguimos. Entramos entre casitas de esteras y emprendemos el ascenso. Subimos el cerro árido hasta la parte más alta de Pachacútec, y luego seguir el descenso hacia Bahía Blanca.

En medio de este asentamiento humano, ella me preguntó sobre una construcción que se asomaba encima de uno de los cerros de Pachacútec. “Es la escuela de cocina de Gastón Acurio”, respondió un viejo amigo de olas.  A ella le sorprendió que en medio de esta localidad, perdida en cualquier mapa del mundo, existiese una escuela de cocina, encima, patrocinada por el ilustre cheff peruano (ella es argentina).

He visitado Pachacútec infinidad de veces desde hace más de una década. He recorrido sus calles buscando pallets, alimento, nuevas olas y, alguna otra vez, cruzado con el wetsuit mojado, ya que la llave del carro la habíamos olvidado dentro. Hasta un amigo se hizo novio de una “pachacutera”.

Como leerán, tengo una relación muy estrecha con la localidad, pero nunca había entrado a la escuela de cocina. Y como no podría ser de otra manera, la primera vez que lo hice, mi fascinación sólo se acrecentó.

No sólo es una escuela de cocina, es una institución que ofrece posibilidades profesionales a niños y jóvenes de bajos recursos,  impulsando la formación integral de la persona mediante la educación, formación y asistencia social. La Fundación Pachacútec cuenta con un colegio y un instituto donde se imparten carreras de cocina, electrotecnia industrial, administración de empresas, telemarketing, peluquería y bartender. Cuentan con instalaciones de primer nivel para que el estudiante se familiarice con las verdaderas herramientas que enfrentará en el competitivo mercado laboral. La misma institución ofrece el desayuno y almuerzo para la totalidad de sus estudiantes, y hasta cuentan con un centro médico propio, expandiendo su atención a toda la población. Todo esto sostenido sólo a través de donaciones.

¿Y qué decir del alumnado? Simple, las sonrisas más bellas que vi en mi vida.

Podría contarles acerca del trabajo que hicimos para ellos, pero prefiero que este pequeño texto, los motive a buscar en la web: Fundación Pachacútec.

Para mí, La Montaña Sagrada.

Artículo: Jean Paul Dubois, Director Creativo, en Atomikal

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