La relación entre la publicidad y la sonrisa de mamá

Para mí, respecto a este horizonte complejo llamado ‘publicidad’, la felicidad está representada únicamente por una sonrisa de mamá después de mostrarle alguno de mis trabajos.

Parece ser algo sencillo o hasta incluso normal. Pero mi madre, quien decide prepararse un café justo cuando aparecen los comerciales, quien es capaz de eternizar los 5 segundos para omitir algún anuncio en YouTube, no es tan amigable que digamos con este mundo de las marcas. Por ejemplo, ¿no les ha pasado que un buen día todos tus amigos se sienten orgullosos de alguna pieza tuya y te felicitan? Incluso en ese buen día, a veces mi mamá no entendía por qué tanta alegría. Y la verdad, yo tampoco.

Sin embargo, hace poco, fiel a la terquedad que me caracteriza, le mostré el video de la última campaña que hicimos en la agencia y grata fue mi sorpresa, cuando recibí su llamada, diciéndome que no solo se había sentido identificada, sino que, además, había sentido un frenesí inusual por ir a comprar ese producto. Llegó la luz a la tiniebla, pensé.

Su sonrisa fue como una advertencia explícita. No la pude ver, pero la sentí, la imaginé y eso fue suficiente.

Y justamente esto es lo primero que viene a mi mente cuando pienso en el nuevo rol de la industria: Inspirada en las personas y sus emociones, en una sociedad que ha entendido que las conexiones psicosociales dan paso a conexiones más sólidas y a relaciones más estables, donde se intercambian experiencias por estímulos positivos, como la lealtad, la fidelidad, la recomendación.

En otras palabras, en una sociedad donde intercambiamos experiencias por sonrisas.

Si antes el deber de la publicidad era centrarse en el producto, pues ahora, las personas y sus emociones ganaron un lugar muy pero muy especial.

Escrito por Thalia Tumes, redactora creativa

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